“Nunca imaginé trabajar con árboles y al descubrir este mundo, me fascinó”. Así de enfática es la respuesta de la encargada de producción de plantas forestales del vivero Agromen, Luz María Gutiérrez, al definir su labor que lleva desarrollando hace 22 años, en la comuna de Portezuelo, en la Región del Biobío.

Hija de campesinos y la mayor de ocho hermanos, a los 14 años terminó la enseñanza básica y tuvo que enfrentarse al mundo laboral para ayudar económicamente a su familia. Hoy está casada y tiene dos hijos, por quienes lucha a diario para que sean profesionales.

En el 2013, fue premiada por la Corporación Chilena de la Madera, CORMA, como trabajadora destacada en el sector forestal por su trayectoria, desempeño, capacidad de superación, y motivación para ir tras sus sueños.

¿Cómo llegó a trabajar en un vivero forestal?

Tenía 29 años y el novio que tenía en ese tiempo, hoy mi esposo, me dijo que en el vivero Agromen, ubicado en el sector Membrillar de la comuna de Portezuelo, estaban contratando mujeres. Me acerqué para postular y llevo 22 años trabajando aquí…muy feliz.

¿Cómo ha sido su desempeño en estos años?

Partí como temporera, sin saber nada y realizando trabajos simples. Mis ganas de aprender me ayudaron a obtener el trabajo permanente en la producción de grandes cantidades de plantas forestales, donde he llegado a tener 70 personas a cargo.

¿Cuáles son las tareas que se realizan en el vivero?

La principal labor es sembrar varios tipos de plantas, para luego mantenerlas a través de fertilización, riego y chequeo diario. Hay que estar preocupados de los cambios de clima, como heladas, lluvias, calor, humedad, entre otros. Posteriormente, al cumplir 6 meses o más, comienza la entrega a diferentes clientes.

¿Qué siente por su trabajo?

Como trabajadora del sector forestal, me siento muy orgullosa de tener una labor digna y me fortalece mucho estar cerca de la naturaleza al aire libre. Me mantiene activa, tengo un bienestar para apoyar a mi familia y en especial, educar a mis hijos para que sean profesionales.

¿Qué ha significado para usted trabajar con árboles?

Nunca imaginé trabajar con árboles, y al descubrir este mundo, me fascinó… es maravilloso. No podría tener otro trabajo, que no sea forestal.

¿Qué siente por las plantas del vivero?

Las siento como una familia. Es algo que llevo en el alma. Cuando las plantas se ven afectadas por algo, me preocupo, les hablo y veo, qué hacer rápidamente.

¿Cuál es el momento más difícil que ha vivido en su trabajo?

En el invierno de 2006, se inundó todo el vivero y se apagaron los sueños de todos los trabajadores. Es un recuerdo muy triste, ya que todo nuestro esfuerzo se fue con la corriente del río Itata. Luego, nuestro jefe quiso dar una nueva oportunidad a los trabajadores y comenzamos a reconstruir con mayor fuerza lo que habíamos perdido.

¿Cuál cree usted que es su mayor virtud?

Ser muy luchadora por querer hacer bien las cosas, es una muy buena fórmula que he desarrollado en todas las áreas de mi vida. Además, aprovechar todas las oportunidades que me han entregado.

¿Cómo cuales?

Pasado los 40 años, me acogí a un programa de incentivos de la empresa, para completar la enseñanza media en la comuna de Confluencia. De lunes a viernes después del trabajo, durante dos años, me iba a estudiar. Falté sólo 3 días, salí con un buen promedio y fui alumna destacada.

¿Qué le gustaría resaltar de su trabajo?

Queda claro que hay muchas funciones en el sector forestal que podemos realizar las mujeres. Invito a todas a que no tengan miedo a postular en esta área, porque en mi caso, sé que tengo una delicadeza especial con los árboles. Si hubiese sido planta, me hubiera gustado que me cuidaran así.

Y, ¿qué opina su familia de verla tan realizada?

Mi familia está feliz, al igual que yo. Esto es la confirmación de lo que junto a mi marido hemos formado para nuestros hijos, en especial, el perfeccionamiento académico y los valores cristianos de una familia que con esfuerzo ha salido adelante.