FUENTE: CORMA.CL

Desarrollar un emprendimiento para proveer de plantas a la pequeña y mediana empresa era una apuesta que, a principio de los ‘90, muy pocos concretaban. Pero la realidad actual de los viveros forestales en Chile ha cambiado radicalmente y para bien.

Hoy existen más de 2.500 de estos pequeños criaderos de plantas con fines forestales u ornamentales de acuerdo al catastro de la Corporación Nacional Forestal. Solo en la Región del Biobío se contabilizan 292 de estos emprendimientos.

Muchos de estos viveros han profesionalizado y modernizado su producción y cuentan con tecnología de punta para agilizar los procesos de desarrollo de las especies, dejando atrás aquellos días en que las plantas se trabajaban a mano y a pala.

Uno de estos visionarios es José Manuel Contreras, quien hace 24 años emplazó una instalación artesanal, en Portezuelo, pleno Valle del Itata, Región del Biobío. De las 2,7 hectáreas iniciales, hoy su empresa Agromen posee cien hectáreas en viveros, plantaciones forestales, frutales y hortalizas. Produce y comercializa 15 millones de plantas vegetales, entre Eucalyptus globulus y nitens, Pinus radiata y especies nativas a través de cinco establecimientos que se distribuyen en las regiones del Maule, La Araucanía y Los Ríos.

Contreras cuenta que en la medida que aumentó la demanda, también creció el número de viveros, hasta llegar a una producción anual de 18 millones de plantas, de las cuales “el grueso viene de eucalipto y ahora con un crecimiento fuerte de nativos del orden de un millón 200 mil plantas”, explica.

Considerado el vivero más grande del país, Agromen llega hoy con su producción de Arica a Punta Arenas y recientemente sumó un nuevo e importante hito. Fruto de su desarrollo e inversión tecnológica y control de calidad de las semillas, se convirtió en el primer vivero en Chile en lograr la certificación FSC® (Forest Stewardship Council), -entidad mundial que busca asegurar la producción adecuada y sustentable del recurso forestal- que acredita que la empresa tiene una cadena de custodia que garantiza y resguarda el origen de las semillas y la mejor genética disponible para los propietarios de bosques.

José Manuel Contreras indica que el proceso de certificación se desarrolló durante el 2015 en los predios de Agromen con un trabajo riguroso en terreno de los expertos de la FSC®.

“Nosotros tenemos que demostrar que el material que estamos usando es de calidad, que estamos invirtiendo y esta certificación es una buena noticia sobre todo para nuestros clientes, porque saben que como somos auditados, tenemos que ser consecuentes con lo que estamos diciendo y así hemos logrado ser el primer y único vivero en Chile, que tiene certificación de trazabilidad”, destaca este empresario forestal.

La operaria Lucy Gutiérrez, en la empresa desde sus inicios, forma parte de los 42 trabajadores altamente calificados que laboran en el vivero y fue testigo de todo el proceso de certificación. “Los auditores nos preguntaron sobre el procedimiento que utilizábamos en el tratamiento de la semilla, transporte, la máquina de siembra, revisaron el lugar de almacenamiento y conocieron in situ el proceso de recepción y firma de documentos que implica todo”, cuenta.

Para esta trabajadora la certificación FSC® es motivo de orgullo, ya que la profesionalización de la actividad permitió a esta habitante de Portezuelo capacitarse, terminar su enseñanza media y poder educar a sus hijos. “Entré al vivero como temporera y todo lo hacíamos a mano: llenar las bandejas y hacer siembra manual de pinos y eucalipto. En ese entonces eran como 100 bandejas por jornada”, recuerda la mujer, quien agrega que esta labor es cosa del pasado gracias al desarrollo tecnológico.

Si bien este reconocimiento los enorgullece, en Agromen ven con inquietud el futuro de la actividad de producción de plantas forestales en el país. De hecho, este vivero proyecta reducir la producción anual de 18 a 12 millones de plantas forestales, “porque no existen los incentivos adecuados para seguir forestando nuevas superficies”, lamenta Contreras.

Por lo mismo, actualmente, están empeñados en un nuevo reto: producir plantas forestales de nueva generación, con alto porcentaje de ganancia genética, fruto de alianzas con grandes empresas forestales y proveedores de semillas de última generación; para lo cual, entre otras acciones, han comenzado a utilizar contenedores especiales para cada especie y buscar la planta más adecuada para cada zona geográfica, con el fin de generar beneficios para sus clientes, trabajadores, vecinos y medio ambiente.